image

Testimonio de Isabel Rozenzon, Mayo de 2015

" Después de vivir mucho tiempo en Villa del Parque con mis hijos y mi marido,
me encontré sola en un departamento que me resultaba muy grande y costoso.
Cada vez me resultaba más difícil caminar o tomar un colectivo para ver a mis amigas. Además, mi hija vivía en Saavedra y no podía visitarme muy seguido, por la distancia. Por todo esto, decidí mudarme aquí… ¡y me cambió la vida!
Me hice amiga de varias vecinas, con las que compartimos actividades en la planta
baja y en el jardín. Otras veces salimos a tomar algo, o al cine, y volvemos juntas. Además, muchas veces nos acompañamos para hacer compras o algún
trámite. Está todo cerca: supermercados, comercios, cines y lindas confiterías.
Ya no estoy esperando a que mi hija pueda venir a visitarme…
¡ahora soy yo quien la invita cuando yo quiero! "

...

image

Testimonio de los hijos y nueras de Lisa Kogan, Diciembre de 2015

" Lisa nació en la esquina de Pasteur y Corrientes, pero vivió la mayor parte de su vida entre La Paternal y Caballito. Amaba ese barrio, donde conocía a muchísima gente
y era muy conocida. Cuando su esposo falleció, y nosotros, sus hijos, nueras y nietos emigramos a Europa, siguió viviendo allí por años, pero viajaba a donde fuera que hubiese actividades sociales, sobre todo a Almagro, donde era habitué de Hacoaj, al Centro, donde iba al cine, al teatro, o a encontrarse con amigas en confiterías donde charlaban o jugaban Burako por horas. Nunca pensó en mudarse de su departamento en un séptimo piso de Avenida Juan B Justo y Avenida San Martin, donde disfrutaba de su balcón con lejana vista que parecía abarcar hasta el límite con Flores. Pero con el tiempo comenzó a convencerse de que algo debía cambiar.

Los viajes en colectivos se hicieron más bruscos, la ciudad más hostil, los taxis más caros y no siempre disponibles. Para colmo, esporádicos cortes de luz la obligaron más de una vez a subir sus siete pisos por la escalera cuando ya, aunque seguía activa, esos desafíos se hacían progresivamente más cuesta arriba. Dos robos en otros departamentos de su edificio la terminaron de convencer, y comenzó, con nuestro apoyo, a investigar opciones para un cambio positivo. Para ella era fundamental mantenerse independiente, tener una vista liberadora y amplia, tener acceso a vida social y cultural variada, y vivir con seguridad. Y así fue que descubrió Vidalinda.
Vidalinda ofrecía (y aun ofrece) un modelo de vivienda que respondía a todas sus expectativas. La opción de tener la autonomía de una vivienda propia en el seno de un entorno social y afectivo más parecido a un club que a un edificio de departamentos la convencieron. Cuando apareció la opción de mudarse a un departamento en Vidalinda no lo dudó. Su único temor era extrañar su viejo barrio, pero al poco de mudarse nos dijo “¡Yo misma no lo creo, pero no tengo tiempo de extrañar!” Sus viajes a Almagro y al Centro se redujeron paulatinamente, porque encontró que Vidalinda le ofrecía todo lo que buscaba sin necesidad de viajar tanto.
A poco de mudarse se encontró haciendo yoga, jugando Burako, asistiendo a charlas y sesiones de cine, y, por sobre todo, reuniéndose a charlar con amigas en departamentos vecinos. Amó el jardín, donde pasó hermosos momentos tomando mate, o gozando el fresco, amó mirar desde sus ventanas el ascenso y descenso de aviones en el Aeroparque y el amanecer en el río a la distancia, amó la seguridad y el cariñoso trato de los porteros que las 24 horas saludaban con un amable “hola chicos…” a quien llegase. ¡Y amó al equipo electrógeno que significó nunca más sufrir un corte de luz!
Nunca dudó de lo acertado de su mudanza. Pasó allí años felices y llenos de calor humano y estímulo cultural y social, y siguió tan ferozmente independiente como había sido desde sus 4 años, a juzgar por historias familiares. Por eso, por ella, le estamos agradecidos a Vidalinda, convencidos de que el modelo que ofrece debe emularse, para terminar de convertir a la tercera edad en una etapa vital con máxima calidad de vida.
¡Gracias y que sigan los éxitos, Vidalinda!